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Amo del mundo

Amo del mundo

No sé la de veces que el sábado, en una cena, me hicieron, como por gracia, la pregunta del abuelo de Majaelrayo: «¿Y el Madrid, qué? ¿Otra vez campeón del mundo?». El Madrid ejerce de «dulce, justo e infantil amo» del mundo, dicho sea con las palabras que Santayana empleó para iluminar Inglaterra, cuyo lado valiente, libre y deportivo (¡el juvenil carácter anglosajón!) tanto amó el filósofo de Ávila, que acabó hablando (y pensando) en un inglés tan bueno como el de Raúl, intérprete oficial del club. -También yo (como el joven inglés) amo a la tierra y odio al mundo -dirá Santayana-. Dios hizo la primera, y el hombre, con sus necesidades y envidias, ha hecho el segundo. El Madrid vuelve a quedarse solo, «recorriendo la zona fronteriza entre el ‘monde’ y el ‘demi-monde’» y con diez, pues Benzema ha hecho suyo el lema de Goethe de no poner su corazón en nada. El palco de Abu Dabi era como la cabalgata municipal de los Reyes Magos, con Flóper de concejal de Festejos e Infantino de delegado de Abastos. ¡Real Madrid-Gremio! Parecía una final setentera del Carranza, con aquellos equipos brasileños que sesteaban jugando al fútbol en movimiento de limpiaparabrisas (eso que ahora vende como cosa suya Guardiola). Con los futbolistas brasileños pasaba como con los músicos rusos: venía una orquesta y regresaba un cuarteto, porque todos eran lo bastante buenos para encontrar empleo aquí. Del Gremio de Abu Dabi, en cambio, sólo se colocaría Geromel, y de segurata. Los comentaristas de TVE (la TV con mil millones anuales de presupuesto procedente de impuestos) nos intentaban vender a Luan Vieira por un tatuaje que decía: «Usted sale de la favela, pero la favela nunca sale de usted». Bonita pintada para una taquilla en el Bernabéu. -Para leer una leyenda desde aquí…-objetó Sanchís. Entonces, y al hilo del paisanaje Zidane-Benzema, se pusieron todos los comentaristas a glosar otra vez «El collar de la paloma: (el collar de la tórtola y la sombra de la nube)», de Ibn Hazm de Córdoba, pues en todo el primer tiempo no hubo una sola ocasión de gol. Durante la recitación, faltó el plano de Benzema despejando una cabezadita en el banderín de córner. Ser funcionario era, a juicio de Fernández Flórez, lo peor que le podía suceder a un hombre. Consideraba él dos grupos de funcionarios: uno, muy pequeño, que se dedicaba a escribir en los periódicos sin aparecer nunca por la oficina, y otro, muy numeroso, que iba a la oficina a leer lo que los primeros escribían en los periódicos. De Benzema se sabe que juega porque su nombre sale en los periódicos, pero no se sabe de nadie que lo haya visto nunca por la oficina. Es el grande mérito de Zidane y del Madrid: hacer lo que hacen… con diez, que es el sistema bueno, al decir de Helenio Herrera. No fue mejor el segundo tiempo, y la prueba es que los comentaristas del Milmillonario Ente tuvieron tiempo de adelantarnos la programación de TVE hasta 2018, incluido el número de reflejos de la capa del tío de la capa que da las campanadas de Nochevieja, mientras Lucas Vázquez, el colibrí de las cumbres, «calentaba» en la banda. -…¡con La Oreja de Van Gogh y Sergio Dalma! -gritaba el locutor. Con el gol de Cristiano en contra, los brasileños tenían pinta de fumar y de beber todos, y a los espectadores nos dio mucha alegría ver a Bale con su peinado de nido de pájaro rematar con la zurda (¡y sin que se le cayera un solo huevo del nido!) en un escorzo de camarero gafe sirviendo el vino de revés. Asensio y Ceballos, los dos futbolistas que más le apetecía a uno ver, envejecían en el banquillo como las liebres de Dumas. «Dulce, justo e infantil amo» del mundo, el Madrid cabalga.Original Article

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